Hace poco escuché o leí a un escritor de
renombre, dramático y sobreactuado, rogándole a Cervantes que le
perdonara el haber escrito en su lengua… que una vez de Cervantes,
afirmaba categóricamente, ya no podía ser de nadie… que el español
en el mismo momento de su nacimiento había llegado al final de su
historia... que el mismo Cervantes lo sabía, y acosado por los
malos presagios se había inventado un escudero y una amante
ocasional para desviar la atención de los espectadores del objeto
en cuestión…
Y agregaba hiperbólico y maltrecho para que el conflicto de sus
desdichas ganara en adeptos y el melodrama entrara en las páginas
de la lengua (-o de la academia que es lo mismo-) que él era
conciente de haber exagerado en sus escritos o de haber
simplificado en exceso… o de haberse excedido en sus vocablos o en
la falta de ellos, buscando la respiración y el paso adecuado del
Hidalgo caballero…
Y terminaba el cuento más o menos diciendo que en sus escritos
todo lo había hecho y maltrecho por amor a Cervantes… y que lo que
al final de cuentas contaba era el haberlo intentado… y que le
perdonara Cervantes sus heridas hinchadas y sus largas noches de
hambre…
Creo realmente que lo que quiso decir o matizar este ilustre
confeso, fue que lo aterraba el exceso de sus palabras y la falta
del mismo…
Terminé la lectura, o él su charla, -ya no me acuerdo si fue lo
uno o lo otro-, y salió corriendo del recinto o de las páginas
como si quisiera que nadie lo asociara con Sancho que durante toda
la velada había estado rascándose molesto una de sus orejas,
mientras acariciaba el burro…
Me quedé mirándolo para mis adentros entre líneas y pensé que si
yo tuviera que disculparme de Cervantes o confesarle algo solo
sería para decirle que otros antes que él ya habían montado en su
caballo… y que en los tiempos que corren los caballos se compran
en el mercado como pollos ya sin patas ni cabeza ni entrañas… y
que el burro de sancho en estos tiempos aciagos esta en peligro de
extinción… y que disculpe por la vieja montura y las peladuras
todavía en carne viva en el lomo del bicho… y de la gramática ni
que decir…
En cuanto al escritor del cuento en cuestión tengo que decirles
que no he vuelto a verlo por estas calles ya innecesarias a su
escudero y sin armadura… que no siento pena por sus desdichas y su
mala conciencia… si hubiera hecho al menos el esfuerzo de
inventarse su propio caballo no tendría que ir por ahí cargando
con sus culpas a Cervantes…
No debería sernos tan difícil recordar que la mano que Cervantes
sacrificó en Lepanto ya ha sido mas que suficiente para él… y que
ya es hora de que sancho le ponga el cascabel al gato…