la agonía
del deseo: la obra pictórica de luis caballero

Triptico. Oleo sobre tela.
Incluso en el campo de la pintura la sociedad occidental y sus emisarios intelectuales nos han condenado a un punto de partida ineludible: qué quiere o quiso decir tal o cual artista; cuáles son sus fuentes de inspiración; su naturaleza histórica; sus paradojas emocionales; sus momentos de definición en el entramado del tiempo; la sustancia de sus pausas y tantos otros etcéteras que pesan como una maldición ineludible en el espacio minúsculo que le queda a la sensibilidad y a sus fantasmas. Quizás, sería mejor, empezar por preguntarnos qué no quiso decir, o no pudo decir tal o cual creador, si es que tenía la mínima intención de decir algo concreto o sustancial. Así, tal vez, podríamos librarnos o escapar por un momento del teatro absurdo de las generalidades y de sus causas que sólo nos pueden llevar a la causa última y por ende a la primera...y así sucesivamente hasta ponernos otra vez de rodillas frente al espíritu absoluto y sus facultades y verdades apripori o de naturaleza moral en sí y para sí o por que sí.
Si damos inicio al análisis, cuando de imágenes pictóricas o literarias se trata, ajenos a la definición y al concepto de identidad y estructura y, por consiguiente, función, podríamos entrar de lleno, o desnudos como recomendaba Vinicius de Moraes, al universo pictórico, en este caso, de Luis Caballero; participar del momento creador llevados tan solo de la mano del movimiento recurrente que engendra por afinidad u oposición una escala de intensidades que irradia o se desborda en el vació que es todo espacio abierto a la creación; espejismo (dicho vacío) inevitable hacia donde tiende toda fuerza creadora a sabiendas de que el objeto de definición-realización del deseo que la configura carece de certeza y de realidad. Simplemente plegarse a este movimiento pendular ya sea que este deseo desee nombrar, decir, fundirse, confundirse o perderse en ese prurito fantasmal al que tiende por bulimia, abulia, o mero impulso carnal todo deseo de expresión o creación. La intensidad obsesiva de ir hacia un punto cero, pulsión que es a la vez centrípeta y centrífuga, también dejaría fuera de su entorno lugares comunes de definición y recuperación del sentido tales como fragmentación, simultaneismo, eternidad del instante, unidad de contrarios y todo el andamiaje estructural y post-estructural que se han convertido en un ladrillo más en la entelequia del poder, la funcionalidad y la necesidad en el nuevo discurso ideológico esteticista.
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